martes, 19 de febrero de 2013

¿En qué País vivimos?


¿En qué País vivimos?

El último suicidio por temas económicos se ha producido, ni más ni menos, que con una señora quemándose a lo Bonzo dentro de una Sucursal. Sí, a lo Bonzo, no me lo estoy inventando. 

Aparcando la Demagogia (esto de los desahucios no es cosa de hace un año, por mucho que se empeñen algunos en lo contrario), y pasando de los voceras de la Derecha y la Izquierda, tanto a nivel parlamentario como Tertulianos, Medios, Palmeros, Paniaguados, Lameculos, Sectarios y demás fauna, está claro que España tiene un problema. 

La dación en pago, tal cual, no puede ser una solución, sino un coladero. Pero hemos llegado a un límite donde no podemos tolerar, si queremos sobrevivir como Sociedad, que suicidios o intentos de suicidio de este tipo, no se atajen. No podemos tolerar que la corrupción nos resulte familiar, ni podemos resignarnos día tras día diciendo eso de son todos iguales.   

Nuestra mejor opción futura no puede ser EL MAL MENOR.

¿Cuál es la fórmula? Lo primero, dejarse de gilipolleces. Como muchos otros, estoy harto del y tú más de los Políticos y sus diversos acólitos en todas partes. Mucha palabrería, pocas acciones.

Harto de que muchos medios de uno u otro pelaje utilicen a su antojo situaciones extremas para cargar contra unos u otros (muchas noticias que leo van más allá de la denuncia o la constatación de un hecho, y ni siquiera están movidas por criterio periodístico alguno); harto de que Contertuli@s sectarios hablen y hablen como Cotorras para, al final, enfrentarse por los colores de sus Partidos en un estilo barriobajero que hace que cambie de canal ante semejante despropósito; harto de un Sistema económico dominado por intereses personales y corrupción, que tiene que cambiar buscando el equilibrio, la productividad, la excelencia, la transparencia y el crecimiento de España y los Españoles. 

¿Cuántas personas tienen que suicidarse para establecer unos criterios mínimos y no caer en estupideces como demoler edificios con gente en la calle?; ¿cuántas empresas tienen que cerrar?; ¿cuántos casos de corrupción podemos aguantar?; ¿cuántos recortes asumir mientras vemos cómo otros se llenan la saca con el permiso del Estamento de turno?

Si no supiera de la grandeza de nuestra Historia, diría que vivimos en una Sucursal Bananera en expansión. Y, como Ciudadano cumplidor, no dejaré de denunciar y preguntarme ¿en qué País vivimos?

Porque si la respuesta es: un País corrupto y corruptor, idiota, sectario, aborregado, poblado de héroes con pies de barro, idiotizado por la telebasura, sin aspiraciones, cortoplacista, conformista, egoísta, panfletero, perroflautico e idiota... para mi que vamos listos. 

¿En qué País vivimos? Pues en España, señores. Y no siempre fue así ¿hasta cuándo vamos a permitir hacernos, a diario, esta pregunta?

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