Mostrando entradas con la etiqueta Juan Carlos I. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Carlos I. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de junio de 2014

Un espectáculo bochornoso


Lo primero (para evitar cualquier ataque injustificado): estoy a favor del debate en el Congreso de los Diputados, y estoy también a favor de que cada grupo parlamentario exponga sus ideas, porque para eso vivimos en Democracia. 

Hace poco reflexioné en el Blog sobre la importancia de la ejemplaridad en nuestros políticos, de cómo debíamos aspirar a tener representantes públicos intachables, bien preparados y orientados al servicio público. 

Ayer, en el inútil debate sobre la abdicación del Rey (que es una decisión personal, y no tienen razón de ser que haya que debatir sobre ello), observé unos representantes que, salvo las palabras de Rosa Díez (que estuvo atinada en el fondo y la forma) y cuatro gatos más, no me representaron. 

Para empezar, tenemos un Presidente del Congreso, el señor Posada, que es incapaz de ejercer sus funciones con cierta contundencia, sobre todo intentando conservar la solemnidad del debate (éste o cualquiera, que el Congreso es el reflejo de España de cara al exterior) y que cada uno de los ponentes del mismo se comporten de acuerdo a su condición. Otro Presidente más que tendrá su maravilloso cuadro en el pasillo, cuando apenas se merece una foto.

Lo que vimos ayer fue un gallinero. Y no es el primero, ni será el último. Sin entrar a discutir el objeto, ni el fondo del debate, sí quiero recalcar las formas. 

Un diputado (de la formación que sea. El color político me da igual) del Congreso no solo representa a sus votantes, sino que representa a España. Y no solo a los Españoles residentes, sino a los que se encuentran fuera del país y, por supuesto, de cara al exterior. Y, evidentemente, puede y debe defender sus ideas, pero dispone de un amplio abanico de formas de hacerlo. 

¿Dónde está la ejemplaridad de los pancarteros, los iletrados e iletradas, los solemnes con discurso vacío, los veletas, los anti españoles y toda esa patulea que ayer puso por enésima vez patas arriba el Congreso?; ¿acaso podemos identificarnos con ellos?

Algunos lo harán, pero el que aquí escribe no. 

Salvando algunas excepciones que, al menos, se preocuparon de que el fondo y las formas fueran coherentes el espectáculo fue, una vez más, bochornoso.  

miércoles, 4 de junio de 2014

Felipe VI, a la vuelta de la esquina


Estamos inmersos en un momento histórico. Y desde luego merece la pena constatarlo para la posteridad en este humilde Blog. Me he tomado mi tiempo, pues he querido paladear un poco la noticia, que llegó de sopetón, tras una semana frenética en lo que a la actualidad se refiere, liderada por las consecuencias de los resultados en las Elecciones Europeas. 

Desconozco la agenda de Zarzuela, como la conocen otros muchos periodistas que han escrito mucho sobre el tema, y especialmente sobre la abdicación de Juan Carlos I. 

Desde fuera, como Ciudadano, es inevitable pensar que las cosas no se han hecho del todo bien. Como a muchos otros, me extrañó que Rajoy anunciara lo que debería haber anunciado Juan Carlos I.  El Rey rara vez ha tenido problemas para comparecer delante de los medios de comunicación por cuestiones menos importantes. 

Ahora que debía decir algo sí o sí, lo hace otro. Y, cuando lo hace finalmente el, el discurso, por muy bueno que sea en la forma, no explica nada en el fondo, y se queda a medias, pequeño en comparación con el hecho en sí (no todos los días abdica un Rey en España).

Tiendo a decantarme por la hipótesis de que el anuncio del Rey ha cogido a todos por sorpresa. De no ser así, resultaría muy extraño que la preparación de todo lo relacionado con la abdicación se esté haciendo deprisa y corriendo, dejando varias cosas en el tintero (como qué pasará con la inviolabilidad del aún Monarca en cuanto su hijo sea proclamado -o nombrado- Rey). Si Zapatero, Rajoy, Rubalcaba y hasta la señora de la limpieza lo sabían desde enero... se han lucido.  

En cuanto a si debía o no marcharse, ahí si tengo una opinión clara: en los últimos años el Rey ha entorpecido más que ayudado, y nos ha dejado en mal lugar en numerosas ocasiones, con comportamientos erráticos y acciones impropias de alguien que debería ser ejemplar. 

No voy a entrar en su papel durante la transición, o en esas capacidades casi míticas que le atribuyen algunos. No soy especialmente monárquico, pero tampoco anti. Cuando la institución ha funcionado, creo que ha hecho un buen servicio al País. Sin Demagogias de por medio en cuanto al prespuesto (ínfimo en comparación con otras Casas Reales o lo que se llevan crudo muchos de nuestros políticos), la Casa Real puede ayudar a España, que es de lo que se trata. 

Por tanto, el relevo es bienvenido. Incluso los Republicanos estarán de acuerdo en que Felipe de Borbón no es como su regio padre. No lo era cuando éste estaba en plenas facultades, ni lo es ahora. Está preparado y libre de la culpa de algunos elementos de la familia Real que deberían dar con sus presuntos huesos en la cárcel. 

Y además, en sus primeras decisiones, parece que podará el concepto de Familia Real a Papá y Mamá, la futura Reina Letizia y sus hijas, como debe ser. El resto, que responda ante todas las indiscreciones que a los demás nos afectan cuando, como ciudadanos de a pie, las cometemos. Y si don Juan Carlos sabía algo de los presuntos chanchullos del señor Urdangarín y la Infanta, que responda por ello.   

Dado que parece imposible que el Gobierno y los Partidos dejen pronunciarse al Pueblo sobre qué quieren para España a este respecto, solo espero que Felipe VI sea un buen Rey, y deje el pabellón bien alto, con la integridad por bandera y la unidad y progreso de España como centro de su discurso. 

Si empieza así, la abdicación habrá sido el último gran acto de Juan Carlos I por el bien de España.

jueves, 26 de diciembre de 2013

El 'no' discurso del Rey


Si viviera en uno de los Mundos de Yupi, quizás compartiría la magnífica opinión de algunos medios en torno al discurso del Rey de este año que toca a su fin. Ya saben, todo matón de la clase o Poder personificado, tiene sus pelotas que le rían las gracias.  

Que haya sido el menos visto de los últimos años viene a dejar claro que los Ciudadanos estamos un poco hastiados, y también hartos, de que la figura decorativa en la que se ha convertido nuestro Monarca nos hable de ejemplos sin predicar con ellos. 

El año pasado la ya incipiente corrupción que asolaba a la Casa Real no parecía ser motivo de preocupación para Don Juan Carlos, que la obvió sin despeinarse. Este año, con la Crisis azotando, la corrupción por todas partes, el desafío separatista, la suelta de etarras y violadores, la pantomima de la justicia y, en definitiva, las toneladas de basura que nos echan a diario, el Rey tampoco ha mencionado con la claridad debida todos los temas que están ahí para que se haga algo al respecto. 

Lo único claro que ha dejado (aquí no ha tirado de eufemismos, no vaya a ser que algún despistado se equivoque) es que no abdica, ni con cera hirviendo. 

Nadie moverá de su silla a la excelsa ortopédica figura;  ni desplazará del mueble a este Jarrón chino que hace unos cuantos años que acumula polvo y no hace lo único que tiene que hacer: velar por España y el conjunto de los españoles. El conjunto, Alteza, no usted, su familia, los "cadáveres en el Armario" y la basura bajo las alfombras de Aizoon. 

Nada de paños calientes. La aburrida chapuza políticamente correcta, ofensiva y cobarde declamada por nuestro Rey solo ha servido para envalentonar a los Separatistas, avergonzar a todos los que están pasándolo tan mal y tienen dos dedos de frente y contentar a los que, dijera lo que dijera, le seguirían haciendo la rosca (ejemplificando la peor de las 'Prensas Libres'). 

Su tiempo ya pasó. La sangre joven, bien preparada, íntegra (que ya es decir en los tiempos que corren) y que no nos deja en ridículo dos de cada tres veces en los últimos años está esperando a que le cedan el testigo. Si continúa inamovible y parapetado en las actuales circunstancias (que probablemente irán a peor) ¿de qué nos sirve nuestro Rey en España?

Felipe espera su trono, alteza. 

A ver si en el próximo discurso toma una decisión que, al menos, haga que recordemos de usted dos o tres hechos históricos relevantes en los que hizo aquello para lo que nació y fue criado... y no el montón de meteduras de pata monumentales. 

Si nos va a taladrar los oídos con la cháchara de anteayer... mejor pasen un episodio de cualquier sitcom. Al menos, nos echaremos unas risas, que falta nos hace.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El Discurso del Rey


No nos engañemos. El Discurso navideño del Rey, tradicionalmente, siempre ha sido bastante correcto. 

Con eso de hacerlo para todos, su propensión hacia el guante blanco a veces ha estado más acertada, y otras veces menos... o nada. 

En la Nochebuena de este año, el Discurso del Rey ha tocado fondo. Con la que está cayendo en España, obviar la cada vez menos presunta corrupción de la Casa Real (moral y económica), o el Desafío Separatista Catalán, para perderse en una suerte de Discurso que bien podría haber parido el mismísimo Papá Pitufo, es insultante. 

Insultante para cualquier Español de a pie, y debería serlo, también, para cualquier Español Monárquico.

Poco ayuda a quién se cuestione la Monarquía en nuestro País (cada vez más gente, tal y como está) experimentar discursitos como este, donde todo lo importante se mete debajo de una alfombra, pretendiendo que nunca ha pasado, y tomando a la mayor parte de la Ciudadanía por imbécil. 

Que el Rey debería retirarse ya en favor de su hijo es un tema que está sobre la mesa desde hace años. Que Don Juan Carlos aporte pruebas de su capacidad para reinar en estos tiempos cada vez resulta más difícil, si no imposible. La figura de Jefe de Estado (símbolo de Unidad y permanencia, que se dice pronto) que debería exhibir por donde pasara, ha pasado a ser la de entrañable metepatas corrupto, bravucón y bocazas.

Para Discursos así, su Majestad, mejor se calla.  

miércoles, 18 de abril de 2012

Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir

Así, textualmente, se ha disculpado el Rey tras los acontecimientos de los últimos días.

Esto, por supuesto, no pone fin a la imagen que tiene ahora mismo La Corona y la Familia Real, maltrecha entre tanto escándalo, y hace pensar que España necesita un cambio de rumbo, ya que tampoco ayuda, nada, la noticia de que el Juez ya ha archivado la investigación a Marichalar por el tiro de Froilán, en tiempo récord, demostrando una vez más que la Ley, para nada es igual para todos.

Entre tanta indignación cabe pensar ¿es suficiente conque el Rey pida perdón?En mi opinión por su aventura cinegética o sus presuntas infidelidades, ha de pedir perdón, sobre todo, a la Reina. Pero sí tiene que pedir perdón y (de paso) no intentar saltarse la Ley a la Torera con la connivencia de los Gobiernos, que tienen más miedo que vergüenza (todos sabemos que de eso no les queda nada), en casos como el lío de Urdangarín, que se irá (junto con la Infanta o el mismo Rey, que a tenor de los últimos hallazgos, conocía sobradamente las actividades del Duque), probablemente, de rositas.

En las alturas nadie se disculpa ¿a qué Politicastro hemos visto hacer eso? Se agradece que el Rey lo haga, pero, ni de lejos, es suficiente.

Quizás sea el momento en que Don Felipe debería pedir pista porque ¿necesita España una Monarquía así, o se ve beneficiada por ella con la que está cayendo?

Sinceramente, muchos sabemos que la respuesta es 'no'.