lunes, 19 de mayo de 2014

Elecciones europeas ¿qué hacemos?


Queda una semana para que decidamos el futuro de Europa. Y nunca ha estado la cosa tan fragmentada. El reciente estudio de El Mundo así lo revela.

La abstención, también, marca máximos históricos ¿qué hacemos con las europeas?

Quien no quiera creer que estamos en una situación muy difícil en la Unión, pese a lo que nos venden desde fuera (en Alemania, por ejemplo), que lo haga. Yo prefiero ver las cosas como son e intentar darle utilidad a mi voto, en un intento por mejorar la situación no solo en España.

Como votante, contemplo estupefacto la campaña electoral que están haciendo los dos partidos principales españoles, instalados en el 'y tú más' permanente, sepultados bajo encendidas soflamas en clave local. Sus campañas no son para las elecciones europeas, son un pulso entre dos partidos de cara a las generales, donde no descarto que colaboren y se hermanen si, con eso, gobiernan.

Los partidos más pequeños que sí hablan de Europa, porque es lo que toca y deben hacer, se las ven moradas para que su discurso llegue a toda la gente que debería. Estamos ante el enésimo apagón informativo en los grandes medios. Si quieres saber más de otros partidos que no sean los grandes, no te queda más remedio que acudir a (algunos) medios digitales o cadenas de radio y televisión que se mantienen firmes ante la adversidad.

Aunque no soy nadie para darlos, aconsejo a todo el mundo que quiera leer estas líneas, que se informe. No es el momento de votar por tradición o fidelidad, sino de ver todas las opciones y votar la que mejor se adapte a los pensamientos, deseos, anhelos e ideologías de cada uno.

Estamos en Europa, nos guste o no, con todas las consecuencias. Y ya es hora de que, desde España y como Españoles y Europeos, contribuyamos con nuestro voto a una Europa mejor que la que tenemos ahora.

El voto puede ser papel mojado o un arma poderosa... dependiendo de cómo lo utilicemos.

martes, 6 de mayo de 2014

Creciendo... ¿a lo alto?



En los últimos días no me canso de leer, escuchar y ver argumentos de por qué España está saliendo (de acuerdo a algunos) o ha salido (de acuerdo a otros) de la Crisis, porque ciertos indicadores macroeconómicos (y otros micro), según los expertos, funcionan a las mil maravillas.

Como no soy Economista, no soy quien para juzgar esto, pero sí para lanzar una pregunta que está ahí, dándome la barrila continuamente: si crecemos ¿es a lo alto?

En grandes números es cierto que se destruye menos empleo del que se crea, pero éste ¿es de la misma calidad que el destruido? Si crecer significa esto, como País, a la larga, vamos listos.

Un País con mano de obra mal pagada y en vilo por la suerte de su puesto de trabajo puede ser dinámico, siempre y cuando la calidad de los puestos en los que vaya recabando el trabajador sea suficiente como para suplir con experiencia y formación la volatilidad.

Y ahí me surge la siguiente pregunta ¿es así en España? Por todo lo que dicen la mayoría de Economistas que se consideran 'reputados', el mercado laboral español sigue siendo rígido y viejo, con oferta más propia de Países menores y sujeto a excesivas regulaciones.

Por tanto ¿tiene sentido adoptar un sistema de reducción de salarios y estabilidad tan drástico en un mercado con un modelo productivo obsoleto, como el nuestro?; ¿indemnizar a trabajadores con años de experiencia con ingentes cantidades, para traer a alguien en su lugar sin apenas formación y la mitad del salario del saliente?

¿Ver cómo se nos fugan los cerebros por falta de subvenciones u ofertas privadas acordes a sus capacidades?

Si estamos creciendo, no parece que sea a lo alto. A pesar del entusiasmo del Gobierno, aledaños y semejantes, ir hacia un sistema donde un trabajador vaya de flor en flor como la abeja Maya, sin que la flor sea la mejor del bosque, no parece la mejor forma de aumentar nuestra competitividad, más allá del dato puro... y duro.  

miércoles, 16 de abril de 2014

La pantomima europea


Ya tenemos nuevas elecciones a la vista. De las europeas, ni más ni menos. A estas alturas de la película de terror que nos ha tocado vivir desde el inicio de la crisis, y del papel que los políticos en general han hecho a costa del pobre (en sentido literal) contribuyente, el desencanto está a la orden del día.

Por eso, por muy preparado que esté el señor Arias Cañete, no creo que sea un  buen momento para saber de el en terrenos como su gusto por los yogures, los cochazos y los deportes de riesgo. 

Mi compañero del gimnasio más próximo ya reúne esas cualidades.

La política europea está tan devaluada como la de la inmensa mayoría de países de la zona euro. Y tener que sufrir discursos adolescentes (lo de la señora Elena Valenciano clama al cielo), machadas como las de Cañete o el ¡que viene el lobo! de Vidal Quadras... llegan a destiempo.

Solo las gentes de Ciudadanos parecen salirse del Circo, dentro de la mediocridad general.

La pantomima europea acaba de comenzar... pero esta vez ¿estamos dispuestos a comulgar con el Pan y Circo, sin apelar a la búsqueda de alguna idea y discurso para adultos?

Yo NO.

domingo, 6 de abril de 2014

Políticos: como para confiar...


A estas alturas del embrollo solo los vídeos pueden demostrar si el atropello y fuga de Esperanza Aguirre es o no es cierto.

De serlo, pondría de manifiesto que la Presidenta del PP madrileño y (hasta ahora) una de las pocas personas que parecían tener los pies en la tierra (les gustara a la gente o no, que eso es otro debate) dentro del PP, ha metido la pata hasta el fondo y, además, ha apuntado maneras de politicucha de tres al cuarto.

Sin embargo, lo que me llama poderosamente la atención no es el hecho en sí, sino lo rápido que el PP (tortuga vital donde las haya) ha reaccionado abandonando a su suerte a la Aguirre. Esto no me choca en sí mismo, pero sí lo que subyace: no se puede confiar en ningún Político que lleve apalancado en el poder más de, no sé, pongamos 10 minutos.

A los Políticos España se la trae al fresco, y sus habitantes, también. 

La señora Aguirre ha tocado las narices a Rajoy y a su club de fans, a veces con bastante razón, defendiendo unos valores que, se supone, son los que tenía el PP y, por eso, se le votó en masa cuando llegó el momento. Así que solo ha bastado una cantada de la presidenta (o un montaje muy bien orquestado, está por ver), para que el Presidente del Gobierno le de la estocada.

Con este lodazal montado ¿es posible confiar en un solo Político de ésta nuestra España, que no acabe de llegar al ruedo?

Me temo que no. Y eso SÍ que es preocupante.

viernes, 21 de marzo de 2014

Inmigración: ¿un problema irresoluble?


Primero, lo obvio: a la gente normal, de bien, le parece mucho mejor que otra gente tenga la mejor vida posible, que sea feliz y productiva, que viva muchos años, se realice y envejezca junto a sus seres queridos. 

Escribo esto en primer lugar porque quiero dejar patente que a mi me encantaría que la inmigración no fuera un problema, y que la gente que llegara a España lo hiciera por propia iniciativa, no obligada por las circunstancias de una vida imposible en sus países de origen. 

Pero vivimos en un mundo real donde, nos guste o no, hay ricos y pobres, y hay zonas del planeta donde la vida que disfrutamos en Occidente es una utopía. Pero el mundo tiene un tamaño limitado y también unos recursos limitados. La solución no pasa por trasladar de donde no hay a donde (es un suponer), hay.

En las últimas semanas, con el paso masivo de inmigrantes a España desde Melilla, y la controversia generada en torno a la defensa de la frontera por parte de la Guardia Civil, la Demagogia ha crecido hasta límites insospechados. 

Si existe una frontera, hay que defenderla. Y defenderla conlleva detener el paso de lo ilegal, y corroborar el paso de lo legal con los medios disponibles. Lo demás son palabras malintencionadas. 

Dicho esto, por supuesto que no quiero que se usen medios letales contra gente desesperada. Pero es una falacia pensar que las fuerzas de seguridad están simple y llanamente para cruzarse de brazos mientras una ingente cantidad de inmigrantes (no siempre pacifistas, todo sea dicho) intentan cruzar a cualquier precio. 

La inmigración ilegal es un problema para España. Y más para esta España con más de seis millones de parados. Nadie viene a quitarnos el trabajo (otra tontería), pero sí a aspirar a una vida mejor de la que ya no disfrutan millones de personas y familias en nuestro País. 

Entonces ¿qué hacemos? Está claro que hay que trabajar desde dentro, desde el seno de Europa. El problema de la inmigración será irresoluble si su solución se intenta unilateralmente desde cada País que lo sufre, con palabras y sin acciones; sin hacer nada en un esfuerzo conjunto trabajando para mejorar las fronteras y cumplir las leyes pero, también (tanto o más importante), mejorar las tremendas situaciones de pobreza, manipulación y diferencias de clases en origen. 

Acusar a los que defienden nuestras fronteras, enarbolar la bandera de lo políticamente correcto o presenciar como unos y otros barren para su casa en los Parlamentos de los países de la UE no presagian nada bueno.

Si la inmigración no tiene solución con los que nos gobiernan o esperan volver a hacerlo, al menos no nos perdamos en Demagogias ni discursos pasionales y poco objetivos.

Porque así, solo empeoramos un problema real, con odio. ¿Cómo vamos a apagar el fuego echándole más leña? 

domingo, 9 de marzo de 2014

¿Dónde está la credibilidad?


El Congreso del PP vasco, digan lo que digan los que, vía discurso, han participado en el, ha puesto de manifiesto el desorden que hay en el Partido Popular, un Circo donde cada vez crecen más enanos (con todos mis respetos para los Circos y los enanos).

Sería anecdótico o nos importaría un pimiento si el PP fuera un Partido residual, pero a día de hoy el Gobierno que lo sustenta tiene todo el poder, cimentado en la mayoría absoluta histórica que los votantes le dimos en las últimas elecciones. 

Por si esto fuera poco, el otro "Gran" Partido español, el PSOE, tiene otro lío monumental montado, que provoca que tengamos que sufrir esperpentos como la 'no moción' a Barcina en Navarra, donde el PSN estaba más que dispuesto a encamarse con los proetarras de Bildu. 

Solo los votantes acérrimos estarán tranquilitos, dispuestos a votar a unos u otros contra viento y marea. Pero, los demás, los que intentamos buscar la mejor opción posible, no podemos sino maravillarnos ante la morrocotuda crisis de credibilidad que atraviesan los epítomes del Bipartidismo. 

Los partidos nuevos están ahí, y quizás con el tiempo constituyan una verdadera opción de Gobierno. Pero, mientras tanto, no hay día en que no suframos a estos maestros de la huida hacia adelante, indiferentes a cualquier hemeroteca; instalados en una realidad paralela donde las cosas funcionan como ellos dicen que funcionan.

Para el PP y el PSOE el estar empapados bajo la lluvia, con rayos y truenos, es gozar de un día soleado en España. Y no parecen dispuestos a bajarse de la burra, sino a silenciar a todos aquellos que les dicen que lo mismo están empapados porque llueve.

La credibilidad es otra víctima más de esta Crisis. Y de ésta no nos recuperamos con débiles indicios macroeconómicos o palmaditas en la espalda desde Bruselas. Otros que tal bailan.

Un grotesco espectáculo más, ahora desde la "derecha". 

Y nosotros aquí... pasmados. 

domingo, 2 de marzo de 2014

El problema de la Sociedad



Sí, somos muy modernos todos. Y nuestra Sociedad está muy avanzada también. Vamos, que estamos que lo petamos.

¿En serio somos lo mejor de lo mejor? La verdad, me cuesta creerlo mucho, sobre todo cuando cada día nos encontramos (en nuestra vida, en la noticias, en el entorno propio o aproximado) con pruebas fehacientes de que solo somos productos manufacturados para parecer todos iguales. Un entorno donde las desviaciones de lo 'normal', son tomadas como versos sueltos.

Hay un montón de ejemplos, desde lo más alto hasta lo más bajo: en el Gobierno (de España u otros Países de nuestro entorno, igual me da) o los Partidos, todos pregonan la pluralidad, pero bailan al son de la música del jefe; en la vida diaria, el que quiere encajar tiene que hacer y opinar lo que la mayoría hace y opina; en la vida profesional, el que tiene el poder en ese momento lo festejará con un montón de seguidores que no quieren quedarse sin su parte.

Desde la Escuela hasta la tumba, nos la Sociedad nos educa para encajar.

Dicen los Políticos que el 'que se mueve no sale en la foto'. Esto es así en nuestra querida y avanzada Sociedad Occidental. Si la más fea tiene el poder, se baila con ella. Si la más fea tiene la adhesión de los demás, ídem. Lo que cada uno piense en privado o en círculos más pequeños, igual da. Algunos lo llaman 'ponerse la careta'. Otros 'interpretar un papel'. En el grupo dices negro, en la intimidad blanco. Y es lo más normal del mundo.

La realidad es que da igual cómo cada uno quiera enmascararlo, porque estamos hablando de una lacra. Si nuestra Sociedad es incapaz de la autocrítica, de la discusión constructiva, de valorar el esfuerzo conjunto y perseguir la excelencia, más allá del postureo, el politiqueo, el agrado al mediocre con poder de turno y los arreglos cosméticos, estamos condenados a la indolencia perpetua.

Puede que la situación económica y social mejore, y que nos sintamos muy bien con nuestras pequeñas victorias personales, en ocasiones alcanzadas con artes que, desde el otro lado del espejo y cuando nos conviene, censuramos. Occidente mide el éxito con parámetros que deberían asustarnos, pero con los que todos estamos, al parecer, tremendamente cómodos.

Necesitamos una revolución. Silenciosa, racional, pero dispuesta a responder a una pregunta: ¿realmente el presente que vivimos y el futuro que se vislumbra, es el que queremos?

Aunque cada día luchemos para sobrevivir, progresar y ser felices en el, yo quiero un mundo mejor. Un mundo donde realmente pueda debatir con argumentos, de forma pacífica. Donde realmente pueda entablar conversaciones constructivas; donde puede evolucionar por mis méritos, y donde los demás hagan lo mismo. Donde nos valoremos más allá del papel que nos toca representar.

Un mundo donde lo socialmente aceptado y bien visto no sea la mediocridad, el seguidismo y la falta de opinión propia.

¿Utópico? Tal vez pero ¿no debería helarnos la sangre penar que es imposible?

Quizás no sea políticamente correcto decirlo, pero la gente que hemos de valorar es la que hace lo que dice y dice lo que hace. Aunque a veces nos duela escuchar la verdad, siempre debería ser preferible para nosotros esta, y no que nos regalen los oídos solo para que no entremos en cólera, tachemos a alguien de una lista, pongamos una cruz, nos desviemos de la senda del grupo o, simplemente, opinemos, como adultos que (se supone) somos.

La Sociedad tiene un problema, aunque lo mejor sea callarse y no decir nada al respecto. No vaya a ser que cuando queramos sentarnos haya desaparecido la silla.